BARCELONA, 11 SEPTIEMBRE, DIADA CATALANA

Son las 18:30. En Barcelona luce todavía el sol que ha presidido durante todo el día la conmemoración del 300 aniversario de la derrota y ocupación de Barcelona a manos de las tropas españolas del rey Felipe V de Borbón.

La concentración convocada por la ANC y Omnium, incontable, multitudinaria, ha concluido, como no podía ser menos, con el canto del himno nacional, Els Segadors. Lo entonaba el Orfeó Català, retransmitido por megafonia, y coreado por todos los reunidos que formaban la inmensa “V” prevista.

Impresiona el hecho de participar desde dentro como un diminuto átomo en un cuerpo invisible en su conjunto, pero perfectamente diseñado para su impacto global: la inmensa V de Victoria de un pueblo, de una nación, que exige su presencia en el mundo como sujeto político, como Estado independiente.

Si las dos Diadas anteriores la presión popular decantó hacia la independencia su objetivo con tenacidad, a pesar de los muchos intentos por desviar el objetivo hacia logros parciales, la de 2014 no deja lugar a ambigüedades. La exigencia de esta ocasión, clara, unánime, es la independencia.

No puedo decir en este momento una cifra de participantes, pero sí puedo afirmar que el tramo 47, el que teníamos asignado quienes íbamos en nuestro grupo, desde el Tarragonès, estaba a rebosar. La longitud de una manzana de l’Eixample (casi 100 metros) por cinco filas (amarillo, rojo, amarillo, rojo, amarillo), de cuatro personas cada una, hacen 20 personas por línea. Con cuatro líneas por metro darían 6.000 personas en el tramo. En 100 tramos serían 600.000… Pero había mucha más gente que la “organizada”. La “organizada” ocupaba sólo el centro de la Gran Vía mientras que los laterales estaban llenos de personas no “apuntadas”. ¿Cuántos podía haber en esa sección? ¿10.000, 12.000? Tal vez más.

En cualquier caso, ante un despliegue de fuerza social y un ambiente completamente entregado a la independencia como objetivo inmediato, es imprescindible la cualificación política de la movilización. No puede haber más ambigüedades. La independencia es la siguiente estación, el próximo y decisivo paso democrático.

Los catalanes lo tienen al alcance de la mano. Si no desfallecen, si mantienen tensa la cuerda y siguen un camino de desobediencia o de cualquier otra forma de ruptura con la legalidad española, podrán alcanzar su meta, porque demuestran una legitimidad democrática plena.

En ello están y les deseamos acierto en los momentos conflictivos inmediatos. Este texto está escrito en el autobús de vuelta desde Barcelona a Altafulla y es una crónica de urgencia. Después vendrán otras valoraciones y análisis.

Visca Catalunya lliure!

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