ZENHERRIA Y EL EJÉRCITO DE OCUPACIÓN

¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?
Jorge Luis Borges

Apostaría por que fuera un imperio lo que se apaga, pero mucho me temo que sea una sencilla luciérnaga entre muchas que no alcanzan a proyectar un foco capaz de orientar un país con sensación de derrota y rumbo perdido.

El imperio, los imperios, que soportamos sufren todos los quehaceres derivados de un mundo en transformación a no se sabe dónde ni en qué condiciones: transiciones energéticas, cambios climáticos, modelos sociales y económicos, organizaciones políticas… pero, en contra de lo anunciado décadas atrás, no acaban de apagarse. Los estados, modelo paradigmático de su organización, permanecen activos y protagonistas.

Vuelve a tomar auge la idea de identidad. La identidad no es principalmente un buscar en un pasado, más o menos idílico, las características comunes que definen un grupo humano, pueblo, sociedad, nación… sino los proyectos que se plantea hacia el futuro. Normalmente los problemas identitarios, los nacionales, no surgen hasta cuando el transcurrir de un pueblo o nación se encuentra obstruido, interceptado, destruido muchas veces, por intervenciones extrañas. La identidad como problema emerge cuando un grupo humano interfiere sobre los modos de organización social, lingüística, política, festiva, religiosa, etc., de otro y pretende imponer los suyos. Las definiciones nacionales se expresan en este contexto. Siempre una identidad o una nación se problematizan y se expresan con relación a otras, sobre todo cuando esas otras pretenden anularla.

En nuestro caso podemos tratar de construir nuestro relato con base en un modelo de organización social, una lengua, una historia, una memoria… y todos son elementos importantes para construir el sujeto histórico que en una nación desestructurada y sometida es el soporte para constituirse en sujeto político. Pero muchas veces, y es nuestro caso, parece que no es suficiente esta perspectiva del sujeto social. Es tan importante, o más, la percepción externa, sobre todo cuando procede de alguien que pretende disolver, o incluso aniquilar, la identidad colectiva o nacional del sujeto. De este modo, la objetiviza en los dos sentidos del término: por un lado la convierte en un objeto, pero, por otro, al ser distante, puede ser más objetiva.

A lo largo de los conflictos que la sociedad vasca ha sufrido a partir del siglo XIX, como consecuencia inmediata de los intentos de emulación del modelo de Estado francés por parte del español, hay una constante que nos define como sujeto —objeto para ellos—,  y es el Norte. Ya sabemos que nosotros tenemos nuestros puntos cardinales propios: nuestros norte, sur, este y oeste están bastante claros, o deberían estarlo. Pero para los españoles somos el Norte, su norte.

La guerras carlistas eran, para los cronistas hispanos, las guerras del Norte. Cuando en plena efervescencia del franquismo montaron un plan especial contra la insurrección vasca lo denominaron Zona Especial Norte (ZEN). Nosotros que andamos enfrascados en la descripción de un relato que nos dé sentido de nación, nos posibilite constituirnos como sujeto, lo podemos aprovechar también. Es el enemigo quien define nuestra identidad, nuestra nación. Ellos se proclamaban como el ejército de ocupación. Nosotros, los zen, los ocupados.

¿Por qué vamos a discutir que si Euskadi, Euskal Herria, Vasconia, Navarra… si ya nos han dado un nombre de resonancias culturales universales: ZEN-Herria? Ya nos han definido: el pueblo del ZEN. Bien sé que adoptar la definición que otorga el enemigo es, normalmente, contrario a los intereses del dominado, pero en este caso, tanto su autodefinición como la marginalidad simplemente geográfica en que nos ubica, expresan su cultura imperial.

El Zen es, también, la variante japonesa del budismo mahāyāna (el ‘gran vehículo’). Un modo característico de expresión del Zen son los haikus o formas poéticas muy breves (tres versos en general) en relación con situaciones cotidianas, pero siempre con una disrupción final que provoca asombro o emoción. Modelo Borges. Aspiramos a ser luciérnagas en nuestro caos.

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USTARITZ 1789

LUIS Mª MARTÍNEZ GARATE: “Los estados español y francés siempre han tratado de centrar a cada parte de Vasconia en su imaginario nacional”

Nabarralde acaba de publicar el último libro de Luis Mª Martínez Garate, Ustaritz 1789. Laburdi en la Revolución Francesa, en la que habla de la situación de dominio que sufre el pueblo vasco por parte de dos estados (el español y el francés) y la existencia de una frontera que lo divide desde 1659, con lo que ello implica: el desconocimiento mutuo de la historia de la vasconia peninsular y la vasconia continental. El libro pretende dar a conocer al conjunto vasco hispanohablante algunos de los acontecimientos acaecidos en Lapurdi como consecuencia de la Revolución Francesa y sus efectos sobre la población.

¿Cómo y dónde surge la idea de escribir este libro?

En la primavera de 2017 un amigo uztariztarra, Beñat Castorene, me propuso la idea de conocer a Michel Duhart y hablar sobre sus estudios referidos a Ustaritz y Laburdi en general. Duhart es un gran conocedor de la historia, de los acontecimientos y lugares, del País Vasco continental. Pasa de los noventa años y goza de un mente espléndida. Uno de sus trabajos lleva por título Ustaritz au temps de la Révolution y versa sobre los avatares de la comuna en los tiempos convulsos de la misma (1789-1800). La intención de Michel Duhart era hacer partícipe a la población hispanohablante del área peninsular de Euskal Herria de los acontecimientos vividos y sufridos por su zona continental, desconocidos, en gran parte, a causa de los sistemas educativos de los estados que dividen nuestro país.

Se trataba de dar a conocer unos hechos que afectaron de modo muy grave la cohesión social y política de la Vasconia norpirenaica y sin los que no podríamos construir el relato completo de nuestra nación. Acepté el reto y, aprovechando una etapa de retiro forzado por una rotura del tendón de Aquiles, trabajé en una contextualización histórica de la Revolución francesa y en una breve síntesis de la historia de Laburdi y Baiona que junto con la organización de los datos recogidos por Duhart en su estudio, constituyen el fundamento de mi trabajo divulgativo. Porque hay que resaltar que no es una obra de investigación ni de reflexión. Simplemente de divulgación.

En el mismo, hablas de cómo afectó la Revolución Francesa en Ustaritz. ¿Por qué, precisamente, ese lugar?

Por tres razones. La primera porque el trabajo de campo estaba realizado ya por Michel Duhart con base a los archivos municipales de Ustaritz. En segundo, porque Ustaritz es la “capital” histórica de Laburdi al haber acogido las reuniones de su biltzar o asamblea de los representantes de su organización foral. Y la tercera, por ser una comuna representativa del conjunto lapurtarra, de modo que lo acontecido en la misma podría ser extrapolable al resto.

El pueblo vasco lleva siglos dominado por dos estados, divididos por una muga férrea. ¿Cuáles dirías que son las principales consecuencias de esta división?

La pregunta implica una respuesta larga, pero para sintetizar al máximo diré que la partición de Euskal Herria entre dos estados absolutistas, predecesores de los modernos sistemas totalitarios, fue creando ‘dos’ vasconias ya reconocidas por Oihenart en 1637 en su Notitia Utriusque Vasconiae…, la ibérica y la aquitana. Los estados son elementos fundamentales para la construcción nacional y el español y el francés siempre han tratado de centrar a cada parte de Vasconia en su imaginario nacional. Para ello reescriben la historia según sus intereses e inculcan una memoria adscrita a los mismos.

¿Dirías que es tal la división, que desconocemos la historia del otro?

Por supuesto que la desconocemos. Pero sobre todo lo que sufrimos es una aculturación memorial. Desde niños, los franceses construyen sus personajes y lugares de memoria basados en la grandeur de la France. Los galos, nuestros antepasados; Clovis, el gran rey converso; San Luis, el rey santo; Juana Arco, la heroína de la independencia; Luis XIV, el esplendor de la monarquía absoluta; el Siglo de la Luces, con Diderot, Voltaire, Rousseau..; la gran Revolución, partera de la democracia moderna; Napoleón y su imperio; etc. Los españoles nos han inculcado los suyos. El esplendor de la Hispania romana; la gran unificación visigoda entorno a Toledo; su recuperación, tras la conquista musulmana, en ocho siglos de Reconquista; los gloriosos descubrimiento, conquista y cristianización de América; el Imperio en el que “no se ponía el sol”; el Siglo de Oro; la Guerra de la Independencia frente a los franceses, con Agustina de Aragón al frente; etc.

Quitando la fuerza del hecho lingüístico, han tratado de destruir todos los referentes comunes entre ambas vasconias.

Principalmente, ¿qué consecuencias tuvo la Revolución Francesa en Lapurdi y en general, sobre el pueblo vasco de la parte continental?

La fundamental fue la destrucción de la organización social y política propia, expresada en la abolición del sistema foral en 1789. También fue la consolidación del sistema unitario francés, incluyendo sobre todo la persecución lingüística.

¿Que suponía ser vasco en la Lapurdi de la Revolución Francesa?

Suponía tener un modo de organización social y económica propio y un sistema político, aun subsidiario al francés, de una relativa autonomía. La Revolución se lo llevó todo por delante.

¿Se puede reconstruir o construir, de alguna manera, el imaginario y el relato de la historia común del pueblo vasco, alejado del español y el francés?

No sólo se puede, sino que se debe. Hay que desvelar todos los mitos impuestos por ambos estados y rebelarse contra ellos. El modo mejor de hacerlo es (re)construir la historia desde un punto de vista auto-centrado, desde la perspectiva nuestro pueblo como sujeto. Y trabajar los lugares y hechos memoriales propios con esta perspectiva.

¿A qué se refiere Carod Rovira cuando dice que una nación es, sobre todo, un relato? ¿Y cómo se aplica esto al pueblo vasco?

Es una feliz idea de Carod Rovira. Sin un relato compartido, no se puede considerar que una sociedad constituya una nación. Ese relato es sobre todo un hecho memorial vivido. La memoria común lo construye y, a su vez, el relato la realimenta.

Sin memoria común no se pueden hacer planes y sin planes compartidos no hay un futuro propio viable. El hilo que va de la memoria al futuro pasa por el relato. De ahí el interés de los estados que nos dominan de controlar la historia, sí, pero sobre todo la memoria y el relato. Y así, mantener su dominio. En nuestro caso, se trata de reconocer como propios los referentes memoriales de la parte ocupada por el otro Estado, de relacionarlos con los ya asumidos y construir un relato autocentrado, el de la nación vasca y su Estado, Navarra.

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LA CONFUSA MEMORIA DEL PRESENTE

La guerra de España en América fue plenamente moderna, precisamente gracias a su decidida voluntad de gestionar la memoria a través de la confusión (Jorge Luis Marzo)

Hace pocos días se ha conmemorado el 500 aniversario de la Batalla de Centla, en la que los mayas chontales fueron derrotados por tropas muy inferiores en número al mando de Hernán Cortés, gracias a su dominio de las armas de fuego y el uso de la caballería, que los indígenas desconocían. La masacre fue brutal. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha recordado los hechos afirmando que la conquista “se hizo con la espada y la cruz”; de paso recriminó que hubo “matanzas”, “imposiciones” y “se construyeron iglesias encima de los templos” prehispánicos. Con este motivo, afirmó que próximamente se dará a conocer “la postura del Gobierno de México” en cuanto al “rescate de nuestra memoria histórica”.

La reacción de la prensa y la casta política española ha sido lamentable. Hemos asistido a una descalificación del presidente mexicano a base de insultos e improperios. La querencia imperial del nacionalismo hispano se ha manifestado sin tapujos; de derecha a izquierda, de arriba abajo, por el centro y los resquicios, las declaraciones han sido elocuentes: de Vargas Llosa a Pérez Reverte o Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española; Abascal, Borrell, Casado y Rivera se han unido en santa cruzada para despreciar y recriminar al presidente mexicano.

La polémica abierta tiene su interés por varios motivos, de los que algunos nos conciernen. De entrada porque pone de evidencia la naturaleza imperial del Estado en que nos vemos, que se ha construido sobre la brutalidad y la violencia ilegítima empleada sobre las gentes, en contra de cualquier derecho o razón civilizatoria. De paso, también sirve para que comprobemos que el nacionalismo español, en el poder y con los recursos de este Estado en sus manos, está contaminado por una ideología supremacista, agresiva, con un fundamento argumental y de valores que se asienta en siglos muy pasados, en épocas y pensamientos medievales.

Pero como apunta el historiador Jorge Luis Marzo, la gestión de estos debates es plenamente moderna porque se mantiene una voluntad de encarar los hechos del pasado a través de la confusión del relato y la memoria. Y eso nos atañe.

Si hoy, en nuestro propio país, planteamos el debate en los términos de López Obrador, nos encontramos con que desde la derecha o la izquierda, desde el ordenamiento legal o los movimientos políticos y sociales, en Euskal Herria como en España, no se admite más memoria que la del 36. Se sostiene, legal y argumentalmente, que la memoria histórica no va más allá de la sublevación militar en 1936 y la represión posterior hasta la muerte del dictador Franco. Si aludimos a la conquista de Navarra, se nos responde que somos historicistas y estamos fuera del debate. No hace mucho un responsable institucional nos reprochaba: “eso no es memoria; es ideología”.

Como el presidente mexicano, los Estados latinoamericanos tienen muy claro el legado de calamidades que les dejó el imperio español con su historia de genocidio, latrocinio, saqueo, desestructuración social y política y demás secuelas. Y denuncian que no se entiende su realidad actual sin esa premisa memorial.

Sin embargo en esta tierra no admitimos la cadena de agresiones, expolios, brutalidades y despropósitos que marca la historia y nos conduce hasta el presente, la que explica los sucesos del 36 y el siglo XX, pero más allá la Gamazada, las guerras carlistas, las rebeliones y matxinadas, el desmantelamiento del Estado navarro independiente (aunque todo ello sea posterior a los hechos que cita López Obrador). Admitimos la memoria de Latinoamérica, pero no la que nos incumbe.

La confusión que menciona J.L. Marzo llega hasta hoy, gobierna nuestras conciencias y lo hará hasta que no tengamos un Estado, un presidente, vasco, navarro, pero independiente, que alce la voz y reclame la memoria y la condena de las conquistas y desmanes de los gobernantes españoles.

Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

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DEBILIDAD DE ESTADO

Afirma el sociólogo Salvador Cardús que con el juicio al independentismo catalán el Tribunal Supremo está cavando la tumba del Estado español. Su propia tumba. Y no tanto por el exceso de represión que vaya a demostrar; sino precisamente por lo contrario; por la extrema debilidad que muestra al esconderse bajo las togas de los magistrados a causa de la ineptitud del resto de instituciones.

No es una reflexión baladí. La paradoja, y a veces el disparate, se amontonan en la crónica de este proceso independentista que hace tambalear las estructuras del Estado hispano. En torno a esta causa se está escribiendo mucho, tanto por la dimensión histórica del proceso independentista que se pretende enterrar, como por la torpeza que el poder ha demostrado a lo largo del mismo, entre cepillados, piolines, demandas de extradición, baile de togas y discursos rancios.

Por citar un ejemplo, el periodista Juan López Alegre escribe en Economía Digital (‘Juicio a España’) que “El juicio es la traca final de un proceso de reescritura de la historia que el independentismo puso en marcha en noviembre de 2017”. Más adelante, el mismo autor añade: “El juicio no está analizando si hubo rebelión o sedición. La sentencia, el separatismo ya la tiene dictada: nadie tiene derecho a juzgarles porque su derecho a la autodeterminación emana del más allá como de allí venía el poder del Rey Sol en la Francia prerrevolucionaria”.

Este comentario, representativo de un sentir colectivo que se manifiesta de uno u otro modo, nos ofrece dos claves centrales que están en juego. Por un lado, para los españoles, más grave que la secuencia de los hechos en sí es el derrumbe del relato hispano. La ‘reescritura de la historia’. Lo que está en juicio es la relación Cataluña-España. Se hace evidente, ante la escena internacional pero también ante los propios sujetos peninsulares, tan resignados a formas corruptas de dominación y gobierno, que ya no se sostiene la unidad de destino en lo universal, que ni catalanes ni vascos se ven en este engendro, y que tal ‘destino’ nunca fue otra cosa que el invado, ordeno y mando del duque o mariscal de turno. En esta quiebra del relato nacional se hunde el imperio, la monarquía, la democracia, la Transición y todo lo que quedara atado y bien atado.

Relato, por cierto, que no es de hoy. Como decía Quevedo, El catalán es la criatura más triste y miserable que diós crió i que son los catalanes el ladrón de tres manos. Quevedo murió en 1640, año en que comenzó la Guerra de Els Segadors; el desencuentro viene de lejos.

Más aun, en el segundo apunte tenemos la madre del cordero. Es decir, que el Derecho de Autodeterminación que aquí se juzga es para la cultura política española un invento del demonio. Satanás. El vade retro. Y que nos salve la Santa Inquisición. Un enunciado premoderno que viene de la esfera de autoridad de una realeza que acabó con el cuello rebanado. ¡Hay que ser cazurro! Que el derecho más básico de la legislación internacional y que está en la solución de tantos conflictos coloniales se vea como un concepto caprichoso, absolutista, monárquico, nos da la medida de la altura de la democracia española que defienden jueces, periodistas y gobiernos.

En el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en su artículo 1, párrafo 1 se reconoce: Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural (1966, ONU).

Se puede, pues, afirmar, que el Derecho a la Libre Determinación es el primero, es el soporte de los derechos humanos, ya que garantiza la existencia de los mismos. En efecto, quien otorga la ciudadanía es el Estado –quien no pertenece a un Estado no tiene derechos-, y por ello el derecho a un Estado propio es el fundamento del resto.

En resumen, en este juicio farsa contra el Derecho de Autodeterminación, en realidad a quien se está juzgando es al pueblo de Cataluña, al conjunto de los ciudadanos que han osado enfrentarse de modo pacífico a un Estado supremacista y xenófobo. Todas estas circunstancias concurren para que podamos considerar que en este juicio el auténtico delincuente es el Estado español, en permanente acto de prevaricación.

Con estas líneas queremos manifestar, desde otro pueblo sometido al mismo Estado durante siglos, nuestro apoyo y solidaridad a la sociedad catalana y sus presos políticos, y desearles el triunfo político –el ejercicio del Derecho de Autodeterminación y la independencia- en el plazo más breve posible.

Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

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1522KO GUDUA, BI BERTSIOTAN

Irungo San Martzialgo lehenengo guduaren 500. urteurrena izango da aurki: 2022ko ekainaren 30ean, hain zuzen. Baina, data horretan, irundarrek ba al dute zer ospatzekorik? Batzuek, ezetz uste dute, Nafarroako Erresuma Gaztelaren menpetik askatzeko huts egindako saiakera izan zelako; beste batzuek, ostera, baietz, Irun Frantziaren esku erortzetik salbatu zutelako. Emaitza bat bakarra izanik ere, kontatzeko moduek aldatu egiten dute gertatutakoarekiko ikuspegia.

Iñaki Garrido historialaria da Irun Frantziaren esku erortzetik salbatua izan zela pentsatzen dutenetako bat. Hain zuzen ere, San Martzialgo gudaren 500. urteurrena goraipatzeko Irunen sortu duten fundazioaren lehen ekitaldia Garridok gaiari buruz idatzi duen liburuaren aurkezpena da. Aldiz, Luis Maria Martinez Garate ingeniariak eta Nabarraldeko kide eta fundatzaileetakoak oso bestelako iritzia du. Gaztelak Nafarroako Erresuma inbaditu zuen, eta San Martzialgo guda 1512an galdutako subiranotasuna berreskuratzeko saio bat izan zen. Nafarroak Frantziaren laguntza jaso zuen Gaztelaren kontra egiteko.

Garridoren arabera, XV. mendeko azken urteetan eta XVI. mendeko lehen hamarkadan, Bidasoa Barreneko egoera “nahiko zaila eta nahasia” zen. “Europa guztia gerran zegoen, iparraldetik hegoaldera eta ekialdetik mendebaldera, eta Europako hegemonia politikoaren kontrola batez ere bi estaturen artean lehiatzen zen: batetik, gorabidean zihoan austriarren Espainia, eta, bestetik, bateratze prozesuan murgilduta zegoen Frantzia”.

Irungo egunerokoan, tentsioa agerikoa zela dio Garridok, “batez ere, gerra fratriziden ondorioz Nafarroan zegoen ezegonkortasunagatik, eta Espainiako monarkiak Nafarroa konkistatzeko geroz eta interes handiagoa zuelako”. Eta, haren arabera, bi koroek, Espainiakoak zein Frantziakoak, ez zeukaten inolako asmorik tentsio hori txikitzeko. “Horren adibide dira Albako dukeak 1512an eta 1530ean Nafarroako Erresuma konkistatzeko helbururekin egin zituen erasoak. Eta, gugandik gertuago, 1520tik 1524ra bitartean tropa frantsesek Hondarribia hartu eta setiatu zutenekoa”. Irun erdi-erdian zegoenez, horren ondorioak garesti ordaintzen zituela azaldu du Garridok. “1521ean, Frantziako tropek egindako lehen erasoaldian, herrian zeuden 475 etxeetatik ehun besterik ez ziren geratu zutik, beste guztiak txikitu egin baitzituzten”.

Babesleku gisa, 1512ko azaroaren 21ean Gazteluzar eraikitzen hasi ziren irundarrak, gerora horren esanguratsua izango zen gaztelua, hain zuzen. Garridoren esanetan, hiru intentziorekin eraiki zuten: Behobia aldetik zetozen “Gipuzkoako etsaien sarrera kontrolatzeko”; ekialdeko sarrera kontrolatzeko, alegia, Hondarribia aldekoa; eta irundarrei babesa emateko. “Dena dela, ez zuen hiru helburuetako bakar bat betetzeko balio izan, eraiki eta gutxira frantziarren esku geratu zelako”. 1522an gertatu zen hori. “Irun eta Hondarribia frantziarren esku erori ziren; hain justu, gertaera hori izan zen ekainaren 30eko gudu handiaren eragilea”.

Arantxa Iraola eta Maite Asensio kazetariek argi jasotzen dituzte 1522ko ekainaren 30 hartako guduaren nondik norakoak Alardeak, ukatutako plazara (2018, Elkar-Berria-Jakin) liburuan: “Gaztelaren aldekoek konkistatua zuten Nafarroako erresuma, eta, Frantziako indarrak lagun, hura berreskuratzeko ahalegin bat egin zuten oraindik erreinuaren alde ziharduten tropek. Asmo horrekin etorritakoen artean zeuden, besteak beste, Lapurdiko ordainpeko soldaduak. Gaztelaren alde irabazitako bataila bat gogoratzen da, beraz. Izan ere, garaipena lortu zuten. Kontatzen da Irungo kapitainek herrian gerran jarduteko moduan zeuden 400 bat gizoni egin zietela dei borrokan parte hartzeko, eta lotan harrapatu zituztela tropa lapurtarrak. Horixe izan zen, antza, garaipenaren gakoetako bat. Jasota dago, halaber, herriko emakumeek eta haurrek ere parte hartu zutela batailan; lastargiak erabiliz, engainatu egin zituzten areriotzat zituzten tropak, iradoki baitzieten beste toki batean zebiltzala irundarrak”.

Garaileen bertsioa

Garridok garaileen bertsioa babesten du. Hark dioenez, Frantziak hartutako eremu horiek berreskuratzeko, hiru konpainia osatu zituzten, eta haien buru jarri ziren Miguel Anbulodi oiartzuarra eta Juan Perez Azkue eta Santxo Alkiza hondarribiarrak. “Haiekin batera borrokatu ziren Bizkaiko eta Gipuzkoako hainbat lekutatik etorritako herritarrak ere, Beltran de la Cueva Gipuzkoako kapitaina buru zutela. Etsaien aldetik, berriz, 5.000 soldatu etorri ziren: 1.000, Urtubiak eta Senperrek ekarri zituzten, eta beste 3.500, alemaniar mertzenarioak ziren. Etsaiak Aldabe eta Urdaerena baserrien inguruko zelaietan jarri ziren. Anbulodik, Azkuek eta Alkizak gidatzen zituzten konpainiek haien aurka egin zuten, eta baita garaipena lortu ere. Horren ondorioz, frantziarren eta alemaniarren bandoko 400 soldadu hil ziren eta beste 1.500 preso hartu zituzten. Hala ere, gudu hura irabaztearen ondoriorik garrantzitsuena da, gaur gauden tokian gaudela; galdu izan bagenu, ez baikinatekeen hemen egongo, Frantzian baizik”.

Galtzaileen bertsioa

Luis Maria Martinez Garate Nabarraldeko kidearen esanetan, “kontakizun horretan isildu egiten dute, gertatutakoak horretarako aukera ematen duen guztietan, Nafarroa subjektu politikoa zela eta tartean zela. Inbasioa justifikatzeko, aitzakia gisa jartzen dute Nafarroa eta Frantzia elkar hartuta zeudela, eta Frantzia aitasantutzaren aurkakoa zela, Italian zituen interesak edukita, Espainiako errege-erreginek zituztenen aurkakoak. Kontakizunean, hasiera-hasieratik, Espainiaren eta Frantziaren arteko gerra bat izan balitz bezala aurkezten dute, eta ikusmolde horri eusten diote konkista bukatu arte”.

Besteak beste, Pedro Esarte Muniainek idatzitako La Batalla de San Marcial. El origen festivo del Alarde de Irun en dos versiones (Iruñea, 2010; Nabarralde) liburua irakurri ostean atera zituen ondorioak Martinez Garatek. “Esartek, besteak beste, goitik behera botatzen du tropa okupatzaile frantsesei Gipuzkoako herritarrek beraiek eta beren borondatez aurre egin zietelako ideia, espainiarrek zabaldu nahi dutenaz bestera. Dena esatera, jakinekoa zen; baina Esartek frogatu egiten du ustezko tropa frantsesak Nafarroaren zerbitzura zeudenak zirela, eta horien artean, nafarrez, gaskoiz eta frantsesez gain —gogora dezagun Frantzisko I.a Frantziako erregeak ekinaldi militarra sostengatu zuela—, lanskenet alemanak eta beste mertzenario batzuk zeudela. Nafarroako erresumari 1512an Gaztelak kendutako subiranotasuna berreskuratzen saiatzen ari ziren”.

Martinez Garateren arabera, Espainiaren zerbitzura dauden historialariek beti azaldu dituzte gertatutakoak Frantziaren kontra egindako gerra batekoak balira bezala, Nafarroaren errealitatea ezkutatzeko asmo argiarekin. “Nafarroa konkistatu eta okupatu zutela ezkutatzeko, Nafarroa existitzen zela ere isildu egiten dute. Haien testuak irakurrita, ematen du garai hartan nafar subjektu politikorik ez zela. Kontrarioen aldean, interes espainiarren zerbitzura zegoen horretan, lekaioak ziren tartean zeuden bertako biztanleak, beste lurralde batzuetako beste hainbat bezala, eta mertzenarioen moduan ziharduten, soldatapeko soldadu gisa, lan honetan argi eta garbi ikusten den bezala”.

Martinez Garaterentzat, kontu honetan tristeena zera da: “Gure herriarentzat hain zorigaiztokoa izandako hori onartzea eta ospatzea urtea joan eta urtea etorri Irungo Alarde ezagunean. Okupazioa eta zapalkuntza goratzea da, menderakuntza eta minorizazioa ospatzea da. Euskal Herriarentzat hilgarria gertatu zen konkista kolpetik memoria historikotik ezabatzea da, eta, horrexegatik, ondorioak gaur egun inoiz baino nabarmenago dituen okupazio baten benetako historia faltsutzea”.

HITZA 2018/12/07

 

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AMNESIA EN EL MONTE ALDABE

Recientemente se ha difundido en la prensa guipuzcoana la constitución de una “Fundación V Centenario” cuya presentación será en Irún el 19 de diciembre, con una conferencia en torno al libro “Viendo dentro en la tierra a los enemigos. Las compañías de Azcue y Ambulodi frente a las tropas franco-navarras (1521-1522)”, de Denis Álvarez Pérez-Sostoa e Iñaki Garrido.

Su declaración de intenciones no puede ser más diáfana. Se trata de una justificación, basada supuestamente en la “historia”, de los alardes de San Marcial. Estos, se afirma, conmemoran la victoria de la ciudad frente a las tropas “franco navarras”. En el contexto de 1521-1522, la referencia nos sitúa en plena guerra de conquista del reino de Navarra y en los violentos orígenes del imperio español, católico y expansionista.

Desde finales del siglo XIX se viene celebrando en Irún un acto memorial que alude a un revés histórico, una derrota del país y sus libertades. Bien sabemos que en estos episodios son los vencedores quienes escriben la historia y que la batalla del monte Aldabe, tal como se acepta entre amplios sectores de Irún, está redactada por historiadores españoles. Pero, por acrítica y desinformada que sea la posición desde la que aceptemos estas versiones, ¿cómo a estas alturas del siglo XXI se le ocurre a alguien celebrar –y reivindicar el relato- de las brutalidades de un imperio genocida? ¿Cómo puede alguien festejar el ataque a las libertades de su propio pueblo? ¿Cómo es que a nadie se le ocurre una revisión de aquellos acontecimientos lamentables, y proponer una reparación de los derrotados, de los sometidos y humillados en aquellas circunstancias de ocupación militar del país?

El que a estas alturas del presente se reclame el 500 aniversario de dicha escaramuza como una victoria propia, de Euskal Herria, suena tan falso y embaucador como lo fue el otro intento de celebración, el del 500 aniversario de 1512, cuando intentaron pasar la invasión del duque de Alba como una “incorporación” o “anexión” al imperio español en términos voluntarios. Tras un profundo debate social, tras polémicas y congresos, hoy no existe discusión en la práctica sobre aquellos hechos: fue una conquista y una ocupación “militar, civil y eclesiástica”. La batalla del monte Aldabe (San Marcial) constituye un episodio vergonzante más de aquella guerra. Si alguien quiere informarse, ahí está el libro de Pedro Esarte “La Batalla de San Marcial. El origen festivo del Alarde de Irún en dos versiones”.

La de Navarra coincide en el tiempo con otras ocupaciones: Granada, Flandes, Nápoles, islas Canarias, el continente americano (y sus genocidios consiguientes). ¿Qué pretenden celebrar en Irún, la desaparición de un Estado vasco, libre, europeo, existente? ¿Se pretende banalizar la derrota de la Navarra independiente al estilo Borrell? ¿Por qué no celebramos, de paso, las andanzas del ejército de Hernán Cortés –que intervino en Amaiur según parece-, sus matanzas, sus rapiñas, sus violaciones?

Son hechos que se deben recordar, pero no celebrar. Sin memoria un pueblo está al albur de la manipulación, sin saber quién es, cuáles son sus circunstancias y orígenes. La amnesia es su peor enemigo. Toda sociedad se proyecta al futuro con una memoria. Si no la tiene propia, centrada en sus intereses actuales, alguien con poder se encargará de sustituirla con versiones  manipuladas, incluso contrarias a su realidad, como aquí ocurre. Su ejercicio, como destacó Walter Benjamin, es un acto de reivindicación de los agravios e injusticias sufridos por grupos sociales diversos —naciones, clases, sectores marginados…— y tiene como objetivo su reparación.

Un ejercicio de salud cívica y política sería que Irún revisara qué celebra en su gran fiesta. Se nos ocurre el modelo de José Antonio Agirre en el Estatuto de Lizarra de 1931, oficializado en 1936, o el acuerdo de las Juntas Generales de Gipuzkoa de 2 de julio de 1979, en los que se acuerda la modificación del escudo vigente desde 1513, y la desaparición de los “doce cañones” de Belate arrebatados a las tropas navarras. El acuerdo del Gobierno Vasco de 1936 afirma textualmente:

“El escudo adoptado por el Gobierno Vasco en decreto del 19 de octubre de 1936 consta de “las armas de Araba, Bizkaya, Gipuzkoa y Nabarra, en sus propios colores, eliminando de ellas los atributos de institución monárquica o señorial y de luchas fratricidas entre vascos, agregando los símbolos de su primitiva libertad…”

La batalla de Aldabe forma parte indudable de la manipulación de la memoria que hace oficial y justifica la sumisión del pueblo vasco, para lo cual –como apuntaba Agirre- no se duda en azuzar ofensas históricas y agravios internos para dividir y mejor dominarnos.

Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

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KOLDO MITXELENA KULTURUNEA

El Centro de Cultura Koldo Mitxelena de Donostia-San Sebastián es un equipamiento público que la Diputación Foral de Gipuzkoa destinó a biblioteca y lugar de diversas actividades culturares, como exposiciones, conferencias, representaciones de teatro o interpretaciones de diversos tipos de música.

Un equipamiento público tiene como misión dar el mejor servicio posible a sus usuarios en el ámbito en el que tiene su competencia, el de la cultura en este caso. Su nivel de calidad se mide por el grado de satisfacción de los mismos. En los 25 años de funcionamiento tanto el número de usuarios/socios, muy alto, como el de reclamaciones detectadas, bajísimas, nos dan una idea del mismo.

A la vez, Koldo Mitxelena representa un buque insignia de la cultura vasca en el nivel de bibliotecas y fondos documentales, como el Julio de Urquijo. De modo semejante a como The New York Public Library o la del Trinity College de Dublin son emblemas culturales de ambas ciudades, Koldo Mitxelena es el equipamiento que se muestra a personalidades del mundo de la cultura de otros países cuando visitan Donostia.

Koldo Mitxelena es un punto de referencia clave para cualquier persona que quiera acceder a una novela, sí, pero también a estudios de historia, geografía, sociología, economía, psicología… o de las ciencias de la naturaleza, para componer un trabajo, estudio o simplemente obtener información.

En resumen, Koldo Mitxelena es un equipamiento que funciona perfectamente. Tiene, evidentemente, los achaques de una obra con una antigüedad de 25 años, las carencias de diseño de accesibilidad inherentes a su época y los deterioros propios del paso inexorable del tiempo y del uso.

Esto nos lleva a la necesidad de cambios. Pero estos deberían ir encaminados principalmente a solucionar los citados males, vinculados a la etapa de su gestación, a las carencias en los aspectos de movilidad principalmente, a las obsolescencias de algunos de sus elementos y a los quebrantos provocados por el paso del tiempo.

De repente, aprovechando las limitaciones y fallos indicados, las instituciones forales reciben una iluminación sobre la “necesidad” de cambiar también la filosofía del equipamiento como Biblioteca y parece que tratan de convertirlo en un elemento más de lo que Guy Debord destacó como una de los atributos básicos de la sociedad actual: una pieza de la “sociedad del espectáculo”.

De las declaraciones del equipo ganador del proyecto no se puede deducir otra cosa. Las generalidades que predican del mismo son vaguedades, inconsistencias, lugares comunes y vacíos. “Versatilidad”, “nuevos programas”, “optimización”, “usos múltiples”, “sensación más diáfana”… son términos que quedan aparentes, vistosos, pero sin contenido si no se expresa a qué cuestiones concretas del mundo de la cultura se refieren.

Tratan de definir un espacio cultural por los atributos físicos del edificio: volumen, diafanidad, versatilidad etc. Y no por sus contenidos culturales en los que, para serlo, se requiere un acceso material a los soportes (libros, fundamentalmente, en este caso) y una participación activa –crítica- de sus usuarios. La “sociedad del espectáculo” los reduce a simples “consumidores pasivos” y espectadores. En ella prevalece la apariencia sobre el contenido

En las cuestiones específicas, no hay concreción. Para empezar, ¿qué va a pasar con los servicios de biblioteca, que tan bien ofrece Koldo Mitxelena actualmente,  durante los dos años que va a permanecer cerrado? Y, avanzando un poquito más en el tiempo, ¿qué va a suceder con los libros, sí los libros, esos bloques de papel impreso encuadernado que contienen información, formación y disfrute para quien los lee? En lugar alguno de las informaciones aparecidas en la prensa donostiarra se hace mención a qué va a pasar con ellos. ¿Dónde se ubicarán? ¿Quién tendrá acceso? ¿Quién los podrá tocar, sí “tocar” y leer “in situ”? ¿Se convertirá todo en un “espacio virtual” sin una concreción tangible y sólo consultable a través del plasma?

Todas estas inquietudes habrían de ser resueltas antes de emprender cualquier proyecto de remodelación de Koldo Mitxelena, así como se deberían definir también los cacareados “nuevos programas” o “usos múltiples”. Tenemos un antecedente sintomático con lo sucedido en Tabacalera. Tabacalera es un equipamiento cultural público con un inmenso volumen utilizable, pero que no se precisa en realidades positivas. Es un modelo de los “usos culturales” en la “sociedad del espectáculo”. Fachada y poco contenido. ¿Es ese el futuro que plantean las instituciones de Gipuzkoa para Koldo Mitxelena?

Ante el despropósito que, parece, pretenden perpetrar contra uno de los principales equipamientos culturales no sólo de Donostía y de Gipuzkoa, sino del conjunto de la cultura vasca, exigimos la paralización total de este Proyecto y que se convoque uno nuevo con la finalidad preferente de solucionar los problemas técnicos, originales, y los debidos a la obsolescencia o al deterioro por uso y el transcurso del tiempo.

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